MICROCUENTO


 LA PRESA


Hace poco tiempo que mis hermanos y yo dejamos la leche de nuestra madre. Ahora acompañamos a nuestro padre en las cacerías. Tenemos nuestra propia manada. El resto se apartó de nosotros porque pensaban que yo no sobreviviría, pero mi padre no se importó con ello. “El otro día atrapamos un conejo, hoy nuestro olfato nos guiará” pensé. Me deslicé entre los arbustos lejos de mis hermanos. Observé una presa desde mi escondite y salté hacia ella. La presa no se asustó, sino que me observó con atención. Corrió hacia mí, persiguiéndome. Yo escapé sobre mis cuatro patas, jadeaba y mis costillas dolían. Mi olfato no distinguía un olor conocido. Al saltar sobre la raíz de un árbol me golpeé el tobillo y solté un aullido. La presa se acercó a mi, cubrió mi hocico con algo blanco y tomó mi pata dañada. Del dolor me desmayé. Eso fué hace un año. Ahora trato de acostumbrarme a mi nueva vida, usar pantalones y conversar con otras personas en lugar de aullar.

Comentarios